Un diálogo blanco contra un mar moderado,
libre de prejuicios y sarcasmos rocosos.
Amenizado vivamente por temas prósperos,
posibilita sonrisas tibias y rictus módicos.
Emisor y receptor acuerdan reglas honestas,
en alternada retroalimentación de anhelos.
Un área de comodidad con límites exactos
y gestos sociales satisfactorios y claros.
Qué frágiles e insustanciales las charlas
sin emociones inmediatas compartidas.
Unos detalles mínimos enaltecen el cuadro
por donde las oleadas se erizan y claman;
y un mar completo tambalea automático.
Conversación camuflada en la niebla anémica,
es aquí donde se solaza la pulcritud sentimental.
La brisa constante no permite aburguesarse,
manteniendo alerta las sensaciones cristalinas.
Y las voces se ocultan entre los vientos apacibles.
Credulidad
es funcional al respeto mutuo,
sin
confidencia no existe el coloquio honesto.
En un
discurso que se declama plácidamente;
se va
historiando la vida que se vivió en común.
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