El
flujo y reflujo tenaz de la historia
configura
circularidad de los hechos.
Un
acontecer de eventos en espiral
donde
aparece y desaparece la luz.
Luz de
la razón, luz del conocimiento,
fulgores
del suceder de acontecimientos
en
orquestación de sucesos complexos.
Una
corriente ágil de la filosofía griega
propiciaba
la trascendencia inmortal.
Para
otros criterios la realidad promueve
avatares
cíclicos según Heráclito y Hegel.
Es la
evolución de una historia inconclusa,
centelleos
de circunstancias fortuitas.
Todo
aparece y desaparece a ojos vista.
Periódicos eventos funcionales al tiempo
son
catalizadores históricos por excelencia,
reavivan
el ímpetu por libertades perdidas.
El
giro orbital produce repeticiones infames:
primero
como tragedia después como farsa.
Sistemas
o intérpretes se reiteran burlescos;
la
senda al futuro se obstruye por ineptitud.
La
historia es una secuencia repetitiva:
leales
y traidores, demócratas y dictadores,
democracia
gris, paz verde, tiranía púrpura.
El
presente relata tendencioso el pasado;
gobernantes
probos o tiranos oprobiosos.
Terror
y paz se alternan indeterminados,
agitando
o pacificando los cursos históricos.
En el rotar
de sucesos se vulneraron derechos,
individuales,
sociales y representativos;
algunos
se reconquistaron, otros eclipsaron,
La
sociedad permutó de valerosa a claudicante;
en días
arduos estremeció, en los triviales envició.
La
crónica de la humanidad ha sido turbadora;
desigualdad
fue siempre su carácter distintivo.
Muy
pobre gratificación para un devenir de siglos.
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