lunes, 25 de mayo de 2020

Panfletario


Autorreferencial y sentencioso me he asumido.
Sintiéndome impelido por un designio superior y
una ética ultra emancipadora; he sido pretencioso.
Estoy muy declarativo últimamente, lo acepto.

Aparatoso he sido elemental, monótono y apático,                 
sin ingeniosas fórmulas para fascinar y trascender.
Aburriendo al lector que aspira recursos novedosos.

Y aquí estoy. Busco una voz flexible e informal,
y un tono sorpresivo que no abuse del copie y pegue.

Atrevidamente mi intención es unificar arte y vida,
pero panfletario es peligroso y vanidoso es pecado.
En insomnios extenuantes ideo eludir ambos fallidos.

Privilegiar solo el perfeccionismo desalma al literato
quien no aspira ser un emblema mundano del ideal.
Porque no molesta el titubeo mental si hay naturalidad
y así se puede dormir plácidamente sin sentir culpa.




jueves, 21 de mayo de 2020

Música, música


La música captura la imaginación pública por cada paraíso prometido.

Hay música impasible que espera una señal de envión;
una secuencia indómita que reactive su actual compás invariable.

Dado que los sonidos son súper plásticos y ultra flexibles,
es natural que conecten con transmisores afines dentro del cerebro.

Algunos fragmentos de canciones son superiores al total;
fundiendo partes desemejantes se puede recrear otra novedad sónica.

La música es volumen más osadía más riesgo más ritmo más libertad.

Música nueva o música antigua, es insustancial; delicadas cadencias
aflorarán siempre de instrumentaciones sabias y pragmáticas.

Un sonido amigable es un estímulo que inscribe una huella mnémica,
archivando positivos recuerdos prémium, notablemente atesorados.

La música revive sentidos y empodera las personalidades dominadas.
En cuanto se articula un típico optimismo oportuno y sensiblero,
el estruendo destemplado activa una mente adormilada y estática.

Días desabridos mutan a gustosos cuando se los desafía con una melodía,
en un tiempo de violentas realidades la música es un bálsamo auditivo.

El volumen estentóreo, el masivo ataque intenso a las neuronas;  
el ruido sobre ruido va recuperando a los cerebros más inútiles.

De música melodiosa y canción con un corpus literario honesto; fluyen
sonidos nobles y sagaces envolviendo los sentidos del oyente inquieto.

Rasgueando la armoniosa guitarra española y percutiendo el yembe
africano o soplando el barroco corno francés; la música siempre ha
sonado energética. Pero menos, cuando la comercialización
ha subvertido la calidad por productos masivos subalternos.

Canciones a bocanadas constantes desdramatizan las letras trágicas;
el ruido y la tensión se aterciopelan en la audición de un estilo plácido.

Cada sonido reverbera diferente en cada oyente. Los órganos auditivos                         
y nuestra sensibilidad infieren modulaciones distintas en nuestro cerebelo.

Los oídos acostumbrados a la música aíslan cada ritmo oportuno y cálido,
sobresaliendo del estrépito mundano y vector de extrema calidad musical. 

El sonido del viento o el sonido del mar son dos de los más puros sones
con que la naturaleza nos gratifica según donde nos hallemos o residamos. 

Los músicos y cantantes son agentes visibles de intensa temperatura emocional, 
en ejecución eximia del instrumento o emitiendo voces límpidas.

Sí, días como estos son los días de perfectas canciones.



Moda


La ropa cubre los cuerpos que la moda oprime;
moda es liberación hasta que concluye como tiranía.
La elegancia en una época será vulgaridad en otra;
¿el gusto es innato, transmitido, incitado o educado?

La moda no incomoda pero causa protuberancias   
y dolor caminando noche y día con calzado nuevo.
Tan solo novedad por la novedad misma es frivolidad;
la uniformidad se da entre físicos arropados al detalle.

El mercadeo moderno trastoca la toma de decisiones;
hoy la elección es propuesta estimulada y nunca elegida.
La tendencia es repetición mínima de estilos temáticos,
sentar diferencias con medidas sobrias; un botón, un ojal.

Las pasarelas muestran vanguardia y ruido festivalero;
aviva a los jóvenes modernos a lucir súper excéntricos.
Puestos y kioscos de la moda ofrecen productos potentes;
los colores intensos atraen más que la calidad del vestido.
                                                                                    
Hay tráfico mercaderil para diseños flamantes o decadentes;
son incitados por clientelismo, publicidad y negocios periféricos.
Se sabe: gusto, manía y fantasía fuerzan la preferencia voraz,
no son auto seleccionados, se inducen por moda circunstancial.

Modernismo retro, seduce a nostálgicos y depresivos leves
y haraganes que adeudan al negocio de copia y etiquetado.
El poder blando seduce aculturando poblaciones distraídas;
y un vestidor puritano es híper conservador y anti-mercado.

Artífices mediocres falsifican miles de artesanías populares,
modistos sin originalidad roban ideas y adeudan derechos.
Cosidos por mano de obra semi-esclava, plagian tendencias
y atiborran de naderías un mercado extemporal o demodé.          

La estética es todo; se puede ser humilde y expresar estilo,
pero improbable ser rico y tener clase si no se nace con él.
Reciclar satisface como modo de mantener la fineza pasada
en manualidades artificiales retocadas con resolución actual.

La histeria consumista quiebra toda delicadeza y cortesía
por objetos de actualidad efímera o simplotes o caducos.
Si bien ello sirve como motor de la economía capitalista;
vista por Marx: destruye el remanente de encanto laboral.

No hay actividad sin ilusión y sin gracia, si no es gansada;
de lo monótono sin gala no se sale fácil, continúa en tedioso.
Las generaciones uniformadas son parte del ciclo comercial
de los estilistas y su moda dictatorial equipada para sumisos.

El mundo de la moda emplea a miles de personas hábiles;                                       trata de copiar al arte en su costado popular y demagógico.
Como producción moderna pulsea entre estética y comercio;
maestría es su calificación, sin eximirle su cuota de frivolidad.





Mercadeo


Ciertas tiendas comercian artículos sofisticados
en esta sociedad de mercadeo volátil.
Todos los días son laborables para el vendedor;
si hay que inventar más horas o un día, se hace.

En los mercados venden productos templados
y los comerciantes saturan con sus trucos.
Hasta se entrega a la madre si es necesario  
por una venta en efectivo o en cómodas cuotas.

Hay boticas saludables y tiendas insalubres;
las que facilitan un informe médico apto o
proporcionan un certificado de defunción.
Los clientes al evaluar adoptan su vicio futuro.

El consumismo es un vigoroso incentivador;
vanidoso inspirador de compras rebuscadas.
El calvo adquiere peluca, el peludo rasurador;
todos felices supliendo sus déficits o superávits. 

El deseo entra por los ojos, sigue al centro nérveo
y se explaya en saliva caída que certifica el gusto.
Convirtiéndose en ambición se decide la compra,
en pugna con el vendedor que protege su negocio.

El mercantilismo innova en un servicio pulcro;
el comercio desarrolla en vidrieras glamorosas.
Inflamados consumidores desesperan por rebajas;
el día festivo ha llegado y los anaqueles tiemblan.




Lírica modernista


Escribir un poema moderno es hablar en tiempo presente.
Lo novedoso es ahora, mañana ya no será más innovador.

Para qué sirve la poesía en los tiempos cibernéticos;
enigma trascendente que perfora audaz la selva digital.

Si la poesía está en la calle para qué escribirla entonces;
pero si no se escribe cómo se poetiza la actualidad ambigua.

Poética de la ventana; a partir de allí se ve el mundo
y desde ahí se vislumbra el carácter del localismo universal.

Escribir en base a un menú ambicioso de objetivos dinámicos para                            divulgar con detallado rigor toda recuperación tras cada decepción. 

Todo poema debería ser pronóstico de climas ultra inestables,
profecía intuitiva de un futuro ocasional e insolente.

Reescribir modernamente ilustraciones en desuso;
es la puesta al día de anticuados simbolismos y convenciones.

De qué valen las declaraciones glamorosas pero sumisas;
cuando es urgente una fusión punzante de sarcasmo y descontento. 

Permitirse impeler como un bólido por la actual volatilidad;
es espolear con la verdad sentimientos insustanciales y superfluos.

Debatir qué es contemporáneo o que no, es expresividad inútil;
es vital lo que se expresa con valía y con esencialidad potente.

La literatura es un lúcido artefacto automático de emocionalidad;
radar vigilante de cuanto sea noble y beneficioso escribir.

Una cita intelectual por pura demostración de alto conocimiento;
es súper ego henchido, inmodesta erudición que al lector confunde.

Ser modernoso no es un valor en sí mismo sino pura declamación,
no es solo parecer moderno; es ser entendible y decodificable.

Garabatear palabras herméticas en una experiencia cuasi antisocial;
no sirve si no es con corazón en mano y jerga callejera en mente.
Los poemas son dispositivos líricos que pueden expresar algo valioso
o no, bello o no, original o no. Pero deben decir algo con un mínimo
de expresividad poética; mínimo, mínimo.

La obra moderna es un intempestivo quiebre con el pasado;
es un hoy inminente por ansiedad vital y precipitación del momento.