martes, 3 de marzo de 2020

Conociendo Cuba


Un líquido añil trepa de tiempo en tiempo por sobre la arena transpirada.
Esa efusión incesante golpea y arrolla tallos y caracoles.

Tanto paraíso es injusto, unos pocos ven esto diariamente al acicalarse;
mientras muchos otros solo miramos cielo gris y horizonte llano.

El caribe sigue siendo amo de las bonanzas y las desventuras
y toda la naturaleza gira alrededor de su dominio intenso.
Es puro tropicalismo vitalista, es un exhibicionismo vanidoso.

Hay momentos en que abrumado uno se pregunta qué luce
más impecable: el cielo o el océano.

Una defensa que detiene las olas insistentes e implacables es un malecón;
sitio que además propicia encuentros y relaciones.
Una fotografía allí es una invitación a La Habana intensa.

El barrio antiguo luce barroco.
Pero asimismo tenue en contraste con la fuerte tonalidad del entorno natural.
Hoteles y restaurantes reciclados contrapuestos a edificios semiderruidos y desaseados. Calles angostas flanqueadas por tiendas, ferias y bares vistosos.
Paseos diagonales y plazas secas; toda una síntesis de su urbanística.

Hay simpatía pública dentro de una vista a veces armoniosa y otras veces 
desmantelada; en esas calles curtidas y de renovación edilicia tardía.

Es una fiesta móvil; música, música, música. Aquí, allá y más allá.
Pintoresquismo distintivo armado para el turismo. Ya se sabe.
Cada ciudad explota el suyo y lo expende al mejor oferente.
Pero esta tiene musicalidad genuina.

Clics constantes perpetuando una visualización silenciosa o sonora.
Combinación cubana de la imagen y el sonido como pocas sociedades
la enmarcan.

Siempre es momento para el mercadeo de tipismos lugareños. Es comercio
usual y aceptado entre un vendedor estándar y un comprador compulsivo.
Una apreciación impresionable del turista sobrevalora un exiguo objeto
que funcionalmente simboliza un sitio y una época dada.

La idiosincrasia del viajero que arriba a un lugar sin invitación
y se ausenta sin agitación; no fue este el caso. Un grupo humano
llegó donde se lo esperaba gozosamente y dejando su huella anímica;
se ausentó con máximo desánimo.

Cómo proseguirá el impulso dinámico vivencial de esa sociedad 
circundada por un mar indiferente; es la pregunta reflexiva.

Los sembrados y los cañaverales se arquean con la brisa activa y el paso
de los vehículos. Hay transiciones verdosas en los campos y las sierras.
En sus lagunas de aguas aplanadas reverbera el omnipresente sol.

Su representativo emporio musical se volcó sobre el mundo. Su amplio repertorio rítmico comprende melodías punzantes y canciones entusiastas.
Tal irrupción melódica ha conformado parte de la historia sonora mundial.
Ninguna armonía cubana resonó inadvertida para los melómanos universales.

Ondas de gamas cambiantes y una luminosidad perpetua que pule y lustra
cercan totalmente esa isla insumergible. 
El viento en su fase huracanada muda de lugar las cosas hacia direcciones
impensadas y aun indeseadas.

Las playas permanecen impasibles a la voracidad del turismo internacional. Parece no preverse que las hordas anuales van modificando el medio ambiente.
El mar sigue oscilando, el cielo persiste intacto, la sílice posee el mismo color.
Entonces por qué preocuparse.

Invierno que es verano. El trópico desdibuja las estaciones recreándolas simétricas. Es la reconocida ficción tropical. Las temporadas climáticas muy diferenciadas son propias de otras latitudes.
Un ferroso vehículo surca excitadamente el asfalto plomizo. Busca el contacto
con los barrios habaneros y ciudades esperanzadas y sus pobladores.
La sociabilidad afirma los sentimientos superiores de los corazones altruistas.

Este grupo de personas desea pluralizar ánimos, conectar emociones.
Afectos fervorosos provocarán cálidas retroalimentaciones entre los vinculados fraternalmente. Concreción de unidad de la familia universal.

Esas largas caminatas procurando una conectividad elusiva, ejercicio diario que progresaba por el bulevar viridián, la avenida ardiente, la plaza forestada, la bodega popular; hasta ese sector útil. Esa esquina era nuestra única conexión virtual hacia miles de kilómetros de distancia.

El Vedado; representativo distrito citadino que amparó nuestros días frenéticos.
Viviendas de dos plantas con porches columnados; indeleble arquitectura barrial titulada por Alejo Carpentier. Los parques ampulosos merodean el eclecticismo al paso de estilos art decò y coloniales de tejados y patios andaluces.

Aquellas expresiones y cadencias idiomáticas, topándose agitadas contra nuestras locuciones y nuestro acento; agregaba un coro tonal que sazonaba los diálogos entre los copartícipes. Diferencias culturales allanadas con esmero. Esplendor latinoamericano apreciable.

Retirarse de esa comunidad, separarse de su sentido hospitalario, abandonar
una profesada hermandad, fue conmovedor.
Las evocaciones perduran intensas en nuestra sensibilidad.
Las fotos y los videos son tesoros acumulados para perfeccionar la memoria.

Esa isla incandescente en medio de un océano fervoroso es un país
como tantos otros, una sociedad con sus sutilezas y sus contradicciones;
conocerla fue venturoso y satisfactorio.

Traspasar el mar caribeño para llegar a ella implicó una voluntad decidida
y anhelante. Un grupo de argentinos se dispuso a sobrevolar las aguas peligrosas y alcanzar el alma de una parte del pueblo cubano. Fue un
encuentro fastuoso.



Comedero musical


Claro que un aperitivo musical es bienvenido;
ubicado al fondo de la sala o en primera mesa.

Jazz blando, samba suave o vals pausado;
elección a gusto del consumidor sibarita.
Con violín, marimba, chelo y piano aplacado;
melodías livianas para la buena digestión.

La condición es que las charlas no se perturben,
así el ocio de los comensales se preserva augusto.
Debida fineza para tomar los cubiertos pulidos;
de vanidosos está plagado este mundo superficial.

El café-concierto suele ser un lugar amable.
Pero se vuelve belicoso en el silencio del salón,
si los artistas protestan por el rumor insufrible
del chismoseo o las cucharitas revolviendo café.

Tanto en karaoke o piano bar la gente se anima;
el ridículo fríamente calculado no impide la diversión.

Vocalistas desafinados acalambran los oídos,
uno se pregunta molesto qué hago aquí.
El hecho se agrava cuando la banda sonora
es tremendista y su vibración frota las caras.

La música ambiental es una atmósfera envolvente, 
pero es un sonido entumecido de inexpresividad;
las discos la descartan en favor de su propio ruido.

La cartelera los anuncia con bombástico soporte;
ciertas bandas y solistas son actos reiterados,
y los meseros desatienden aburridos sus canciones.

Las interpretaciones resuenan alrededor del salón,
infinitas veces su sonido es insulso e insufrible;
se corre peligro de constipación por desagrado.

Los sitios se afaman por esnobismo agudo.
La difusión consumista y el boca a boca
hacen de un lugar ignoto famoso en horas.

Garantizar el estilo y la comodidad es lo habitual,
los utensilios no deben ser de plástico sino de metal.
Por ello la recepción va de servicio a servidumbre;
de presumidos está colmado el universo gourmet.




Coloquio marino


Un diálogo blanco contra un mar moderado,
libre de prejuicios y sarcasmos rocosos.
Amenizado vivamente por temas prósperos,
posibilita sonrisas tibias y rictus módicos.

Emisor y receptor acuerdan reglas honestas,
en alternada retroalimentación de anhelos.
Un área de comodidad con límites exactos
y gestos sociales satisfactorios y claros.

Qué frágiles e insustanciales las charlas
sin emociones inmediatas compartidas. 
Unos detalles mínimos enaltecen el cuadro
por donde las oleadas se erizan y claman;
y un mar completo tambalea automático.

Conversación camuflada en la niebla anémica,
es aquí donde se solaza la pulcritud sentimental.
La brisa constante no permite aburguesarse,
manteniendo alerta las sensaciones cristalinas.
Y las voces se ocultan entre los vientos apacibles.

Credulidad es funcional al respeto mutuo,
sin confidencia no existe el coloquio honesto.
En un discurso que se declama plácidamente;
se va historiando la vida que se vivió en común.



Cínicos


Los cínicos se simbolizan con una sonrisa oblicua o risa suave de presumido,
saludo sociable, más mirada neutra. Desorientan para simpatizar y seducir.

Comienzan escépticos y desconfiados, prosiguen pesimistas y finalizan cínicos;

declive decadente de personajes tóxicos y de astucia ilimitada. 

“Todos somos cínicos”, aducen satisfechos los verdaderos para exculparse;
eso es cinismo puro, así borronean cualquier línea divisoria y todos lo somos.

En un mundo donde abundan cómo se puede pretender que sea el paraíso;
inmutables los cínicos expresan su resentido punto de vista de la humanidad.

El cínico desarma un argumento con su estudiado contrargumento pulido;
este hipócrita es césar de la comunidad hedonista agitando su impudor.

Es absurdo que con estrategia descarada el cínico logre victimizarse;
pero ocurre más de una vez y uno furioso cree que lo toman por ingenuo.

Cualquiera puede variar su pasada creencia luego de balanceada reflexión;
el cínico elabora su auto-justificación en su habitual giro de 180 grados.

Con qué descaro el cínico lanza el chiste irónico o la humorada burlesca;
alardeando de superioridad neuronal y velocidad sináptica en su sadismo.

Manual del cinismo: recuerdos selectivos, desapego social, auto-indulto;
crítica viciosa, negativismo nocivo, murmuración petardista, ironía actoral.

Los cínicos enmascarados de sabios observan reposados sin involucrarse. 
Dicen estar de vuelta de todo. Esperan que haya fracaso para señalar: 
“ya lo había previsto antes”.


Ciclos




El flujo y reflujo tenaz de la historia
configura circularidad de los hechos.
Un acontecer de eventos en espiral
donde aparece y desaparece la luz.
Luz de la razón, luz del conocimiento,
fulgores del suceder de acontecimientos
en orquestación de sucesos complexos.

Una corriente ágil de la filosofía griega
propiciaba la trascendencia inmortal.
Para otros criterios la realidad promueve
avatares cíclicos según Heráclito y Hegel.
Es la evolución de una historia inconclusa,
centelleos de circunstancias fortuitas.
Todo aparece y desaparece a ojos vista.

Periódicos eventos funcionales al tiempo
son catalizadores históricos por excelencia, 
reavivan el ímpetu por libertades perdidas.
El giro orbital produce repeticiones infames:
primero como tragedia después como farsa.
Sistemas o intérpretes se reiteran burlescos;
la senda al futuro se obstruye por ineptitud.

La historia es una secuencia repetitiva:
leales y traidores, demócratas y dictadores,
democracia gris, paz verde, tiranía púrpura.
El presente relata tendencioso el pasado;
gobernantes probos o tiranos oprobiosos.
Terror y paz se alternan indeterminados,
agitando o pacificando los cursos históricos.

En el rotar de sucesos se vulneraron derechos,
individuales, sociales y representativos;
algunos se reconquistaron, otros eclipsaron,
La sociedad permutó de valerosa a claudicante;
en días arduos estremeció, en los triviales envició.
La crónica de la humanidad ha sido turbadora;
desigualdad fue siempre su carácter distintivo.
Muy pobre gratificación para un devenir de siglos.