Un
líquido añil trepa de tiempo en tiempo por sobre la arena transpirada.
Esa
efusión incesante golpea y arrolla tallos y caracoles.
Tanto
paraíso es injusto, unos pocos ven esto diariamente al acicalarse;
mientras
muchos otros solo miramos cielo gris y horizonte llano.
El
caribe sigue siendo amo de las bonanzas y las desventuras
y
toda la naturaleza gira alrededor de su dominio intenso.
Es
puro tropicalismo vitalista, es un exhibicionismo vanidoso.
Hay
momentos en que abrumado uno se pregunta qué luce
más
impecable: el cielo o el océano.
Una
defensa que detiene las olas insistentes e implacables es un malecón;
sitio
que además propicia encuentros y relaciones.
Una
fotografía allí es una invitación a La Habana intensa.
El
barrio antiguo luce barroco.
Pero
asimismo tenue en contraste con la fuerte tonalidad del entorno natural.
Hoteles
y restaurantes reciclados contrapuestos a edificios semiderruidos y desaseados.
Calles angostas flanqueadas por tiendas, ferias y bares vistosos.
Paseos
diagonales y plazas secas; toda una síntesis de su urbanística.
Hay
simpatía pública dentro de una vista a veces armoniosa y otras veces
desmantelada; en esas calles curtidas y de renovación edilicia tardía.
desmantelada; en esas calles curtidas y de renovación edilicia tardía.
Es una
fiesta móvil; música, música, música. Aquí, allá y más allá.
Pintoresquismo
distintivo armado para el turismo. Ya se sabe.
Cada
ciudad explota el suyo y lo expende al mejor oferente.
Pero
esta tiene musicalidad genuina.
Clics
constantes perpetuando una visualización silenciosa o sonora.
Combinación
cubana de la imagen y el sonido como pocas sociedades
la
enmarcan.
Siempre
es momento para el mercadeo de tipismos lugareños. Es comercio
usual
y aceptado entre un vendedor estándar y un comprador compulsivo.
Una
apreciación impresionable del turista sobrevalora un exiguo objeto
que
funcionalmente simboliza un sitio y una época dada.
La
idiosincrasia del viajero que arriba a un lugar sin invitación
y se
ausenta sin agitación; no fue este el caso. Un grupo humano
llegó
donde se lo esperaba gozosamente y dejando su huella anímica;
se
ausentó con máximo desánimo.
Cómo proseguirá el impulso dinámico vivencial de esa sociedad
circundada por un mar indiferente; es la pregunta reflexiva.
circundada por un mar indiferente; es la pregunta reflexiva.
Los
sembrados y los cañaverales se arquean con la brisa activa y el paso
de los
vehículos. Hay transiciones verdosas en los campos y las sierras.
En sus
lagunas de aguas aplanadas reverbera el omnipresente sol.
Su representativo
emporio musical se volcó sobre el mundo. Su amplio repertorio rítmico comprende
melodías punzantes y canciones entusiastas.
Tal irrupción
melódica ha conformado parte de la historia sonora mundial.
Ninguna armonía
cubana resonó inadvertida para los melómanos universales.
Ondas de gamas
cambiantes y una luminosidad perpetua que pule y lustra
cercan totalmente
esa isla insumergible.
El
viento en su fase huracanada muda de lugar las cosas hacia direcciones
impensadas
y aun indeseadas.
Las playas
permanecen impasibles a la voracidad del turismo internacional. Parece no preverse que las hordas anuales van modificando el medio ambiente.
El mar sigue
oscilando, el cielo persiste intacto, la sílice posee el mismo color.
Entonces por qué
preocuparse.
Invierno
que es verano. El trópico desdibuja las estaciones recreándolas simétricas. Es
la reconocida ficción tropical. Las temporadas climáticas muy diferenciadas son
propias de otras latitudes.
Un ferroso vehículo
surca excitadamente el asfalto plomizo. Busca el contacto
con los barrios
habaneros y ciudades esperanzadas y sus pobladores.
La sociabilidad
afirma los sentimientos superiores de los corazones altruistas.
Este grupo de
personas desea pluralizar ánimos, conectar emociones.
Afectos fervorosos
provocarán cálidas retroalimentaciones entre los vinculados fraternalmente.
Concreción de unidad de la familia universal.
Esas largas
caminatas procurando una conectividad elusiva, ejercicio diario que progresaba
por el bulevar viridián, la avenida ardiente, la plaza forestada, la bodega
popular; hasta ese sector útil. Esa esquina era nuestra única conexión virtual hacia
miles de kilómetros de distancia.
El Vedado;
representativo distrito citadino que amparó nuestros días frenéticos.
Viviendas de dos
plantas con porches columnados; indeleble arquitectura barrial titulada por
Alejo Carpentier. Los parques ampulosos merodean el eclecticismo al paso de
estilos art decò y coloniales de tejados y patios andaluces.
Aquellas
expresiones y cadencias idiomáticas, topándose agitadas contra nuestras
locuciones y nuestro acento; agregaba un coro tonal que sazonaba los diálogos
entre los copartícipes. Diferencias culturales allanadas con esmero. Esplendor
latinoamericano apreciable.
Retirarse de esa
comunidad, separarse de su sentido hospitalario, abandonar
una profesada
hermandad, fue conmovedor.
Las evocaciones
perduran intensas en nuestra sensibilidad.
Las fotos y los
videos son tesoros acumulados para perfeccionar la memoria.
Esa isla
incandescente en medio de un océano fervoroso es un país
como tantos otros,
una sociedad con sus sutilezas y sus contradicciones;
conocerla fue
venturoso y satisfactorio.
Traspasar el mar
caribeño para llegar a ella implicó una voluntad decidida
y anhelante. Un
grupo de argentinos se dispuso a sobrevolar las aguas peligrosas y alcanzar el
alma de una parte del pueblo cubano. Fue un
encuentro fastuoso.