Autorreferencial y sentencioso me he asumido.
Sintiéndome impelido por un designio superior
y
una ética ultra emancipadora; he sido
pretencioso.
Estoy muy declarativo últimamente, lo acepto.
Aparatoso he sido elemental, monótono y
apático,
sin ingeniosas fórmulas para fascinar y
trascender.
Aburriendo al lector que aspira recursos
novedosos.
Y aquí estoy. Busco una voz flexible e
informal,
y un tono sorpresivo que no abuse del copie y
pegue.
Atrevidamente mi intención es unificar arte y
vida,
pero panfletario es peligroso y vanidoso es
pecado.
En insomnios extenuantes ideo eludir ambos
fallidos.
Privilegiar solo el perfeccionismo desalma al
literato
quien no aspira ser un emblema mundano del
ideal.
Porque no molesta el titubeo mental si hay naturalidad
y así se puede dormir plácidamente sin sentir
culpa.
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