Ciertas tiendas comercian artículos
sofisticados
en esta sociedad de mercadeo volátil.
Todos los días son laborables para el
vendedor;
si hay que inventar más horas o un día, se
hace.
En los mercados venden productos templados
y los comerciantes saturan con sus trucos.
Hasta se entrega a la madre si es
necesario
por una venta en efectivo o en cómodas
cuotas.
Hay boticas saludables y tiendas insalubres;
las que facilitan un informe médico apto o
proporcionan un certificado de defunción.
Los clientes al evaluar adoptan su vicio
futuro.
El consumismo es un
vigoroso incentivador;
vanidoso inspirador
de compras rebuscadas.
El calvo adquiere
peluca, el peludo rasurador;
todos felices
supliendo sus déficits o superávits.
El deseo entra por
los ojos, sigue al centro nérveo
y se explaya en
saliva caída que certifica el gusto.
Convirtiéndose en
ambición se decide la compra,
en pugna con el
vendedor que protege su negocio.
El mercantilismo
innova en un servicio pulcro;
el comercio
desarrolla en vidrieras glamorosas.
Inflamados consumidores desesperan por
rebajas;
el día festivo ha llegado y los anaqueles
tiemblan.
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