Los cínicos se simbolizan con una sonrisa oblicua o risa suave de presumido,
saludo sociable, más mirada neutra. Desorientan para simpatizar y seducir.
Comienzan escépticos
y desconfiados, prosiguen pesimistas y finalizan cínicos;
declive decadente de
personajes tóxicos y de astucia ilimitada.
“Todos somos cínicos”, aducen satisfechos los
verdaderos para exculparse;
eso es cinismo puro, así borronean cualquier línea
divisoria y todos lo somos.
En un mundo donde abundan cómo se puede pretender que
sea el paraíso;
inmutables los cínicos expresan su resentido punto de
vista de la humanidad.
El cínico desarma un argumento con su estudiado contrargumento
pulido;
este hipócrita es césar de la comunidad hedonista agitando su impudor.
Es absurdo que con estrategia descarada el cínico
logre victimizarse;
pero ocurre más de una vez y uno furioso cree que lo
toman por ingenuo.
Cualquiera puede variar su pasada creencia luego de balanceada
reflexión;
el cínico elabora su auto-justificación en su habitual giro de 180
grados.
Con qué descaro el cínico lanza el chiste irónico o la
humorada burlesca;
alardeando de superioridad neuronal y velocidad
sináptica en su sadismo.
Manual del cinismo: recuerdos
selectivos, desapego social, auto-indulto;
crítica viciosa, negativismo nocivo, murmuración
petardista, ironía actoral.
Los cínicos enmascarados de sabios observan reposados sin
involucrarse.
Dicen estar de vuelta de todo. Esperan que haya fracaso para señalar:
“ya lo había previsto antes”.
Dicen estar de vuelta de todo. Esperan que haya fracaso para señalar:
“ya lo había previsto antes”.