martes, 25 de febrero de 2020

Burlesco


Ironía es un recurso para aludir con disimulo.
Si digo que creo que alguien parece sabio
tan solo porque su voz es aterciopelada;
hago pensar si es verdad o soy un chistoso.

El sarcasmo de un pincha-papeles retirado
que dice que el mundo se movió a su alrededor;
cuando lo que hizo fue seguir detrás del referente,
y ahora oculta la inferioridad de su viejo oficio.

Satíricamente se induce a risa y reflexión;
función notable de denunciadores influyentes.
Parodia griega es relectura grotesca y cruel
de la historia y del arte avivando la audiencia.

Los satíricos subvirtieron los manejos sociales;
plumas filosas desde Roma hasta la modernidad.
Plausible aguijoneo con eficacia e histrionismo;
cáusticos burlan al poder, la gente y sus hábitos.

En la sátira la ironía es el cachetazo militante,
se ridiculiza todo lo que se mueve o no se mueve.
Premia el deseo popular de desmitificar al poderoso;
es el éxtasis superior del desaventajado y perdedor.

Dependiendo del malabarismo verbal del gracioso;
se amenizan las veladas o las largas horas muertas.
Desde aquellos viejos satíricos a estos archi famosos; 
el enclave del stand-up instaló un cómico popular.

La ironía refuerza la autoestima y la valoración;
debería ser un arma blandida con prudencia.
Si no será siempre el ejercicio malsano diario;
cuando el burlador saborea noquear a su víctima.



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