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jueves, 21 de mayo de 2020

Moda


La ropa cubre los cuerpos que la moda oprime;
moda es liberación hasta que concluye como tiranía.
La elegancia en una época será vulgaridad en otra;
¿el gusto es innato, transmitido, incitado o educado?

La moda no incomoda pero causa protuberancias   
y dolor caminando noche y día con calzado nuevo.
Tan solo novedad por la novedad misma es frivolidad;
la uniformidad se da entre físicos arropados al detalle.

El mercadeo moderno trastoca la toma de decisiones;
hoy la elección es propuesta estimulada y nunca elegida.
La tendencia es repetición mínima de estilos temáticos,
sentar diferencias con medidas sobrias; un botón, un ojal.

Las pasarelas muestran vanguardia y ruido festivalero;
aviva a los jóvenes modernos a lucir súper excéntricos.
Puestos y kioscos de la moda ofrecen productos potentes;
los colores intensos atraen más que la calidad del vestido.
                                                                                    
Hay tráfico mercaderil para diseños flamantes o decadentes;
son incitados por clientelismo, publicidad y negocios periféricos.
Se sabe: gusto, manía y fantasía fuerzan la preferencia voraz,
no son auto seleccionados, se inducen por moda circunstancial.

Modernismo retro, seduce a nostálgicos y depresivos leves
y haraganes que adeudan al negocio de copia y etiquetado.
El poder blando seduce aculturando poblaciones distraídas;
y un vestidor puritano es híper conservador y anti-mercado.

Artífices mediocres falsifican miles de artesanías populares,
modistos sin originalidad roban ideas y adeudan derechos.
Cosidos por mano de obra semi-esclava, plagian tendencias
y atiborran de naderías un mercado extemporal o demodé.          

La estética es todo; se puede ser humilde y expresar estilo,
pero improbable ser rico y tener clase si no se nace con él.
Reciclar satisface como modo de mantener la fineza pasada
en manualidades artificiales retocadas con resolución actual.

La histeria consumista quiebra toda delicadeza y cortesía
por objetos de actualidad efímera o simplotes o caducos.
Si bien ello sirve como motor de la economía capitalista;
vista por Marx: destruye el remanente de encanto laboral.

No hay actividad sin ilusión y sin gracia, si no es gansada;
de lo monótono sin gala no se sale fácil, continúa en tedioso.
Las generaciones uniformadas son parte del ciclo comercial
de los estilistas y su moda dictatorial equipada para sumisos.

El mundo de la moda emplea a miles de personas hábiles;                                       trata de copiar al arte en su costado popular y demagógico.
Como producción moderna pulsea entre estética y comercio;
maestría es su calificación, sin eximirle su cuota de frivolidad.





martes, 28 de abril de 2020

Moda


La ropa cubre los cuerpos que la moda oprime;
moda es liberación hasta que concluye como tiranía.
La elegancia en una época será vulgaridad en otra;
¿el gusto es innato, transmitido, incitado o educado?

La moda no incomoda pero causa protuberancias                                                        y dolor caminando noche y día con calzado nuevo.
Tan solo novedad por la novedad misma es frivolidad;
uniformidad se da entre físicos arropados al detalle.

El mercadeo moderno trastorna la toma de decisiones;
hoy la elección es propuesta estimulada y nunca elegida.
La tendencia es repetición mínima de estilos temáticos,
sienta diferencias con medidas sobrias; un botón, un ojal.

Las pasarelas muestran vanguardia y ruido festivalero;
aviva a los jóvenes modernos a lucir súper excéntricos.
Puestos y kioscos de la moda ofrecen productos potentes;
los colores intensos atraen más que la calidad del vestido.
                                                                                    
Hay tráfico mercaderil para diseños flamantes o decadentes;
son incitados por clientelismo, publicidad y negocios periféricos.
Se sabe: gusto, manía y fantasía fuerzan la preferencia voraz,
no son auto seleccionados, se inducen por moda circunstancial.

Modernismo retro, seduce a nostálgicos y depresivos leves
y haraganes que adeudan al negocio de copia y etiquetado.
El poder blando seduce aculturando poblaciones distraídas;
y un vestidor puritano es híper conservador y anti-mercado.

Artesanos mediocres falsifican miles de artesanías populares,
modistos sin originalidad roban ideas y adeudan derechos.
Cosidos por mano de obra semi-esclava, plagian tendencias
y atiborran de naderías un mercado extemporal o demodé.          

La estética es todo; se puede ser humilde y expresar estilo,
pero improbable ser rico y tener estilo si no se nace con él.
Reciclar satisface como modo de mantener la fineza pasada
en manualidades artificiales retocadas con resolución actual.

La histeria consumista quiebra toda delicadeza y cortesía
por objetos de actualidad efímera o simplotes o caducos.
Si bien ello sirve como motor de la economía capitalista;
vista por Marx: destruye el remanente de encanto laboral.

No hay actividad sin ilusión y sin gracia, si no es gansada;
de lo monótono sin gala no se sale fácil, continúa en tedioso.
Las generaciones uniformadas son parte del ciclo comercial
de los estilistas y su moda dictatorial equipada para sumisos.

El mundo de la moda emplea a miles de personas hábiles;                                           trata de copiar al arte en su costado popular y demagógico.
Como producción moderna pulsea entre estética y comercio;
maestría es su calificación, sin eximirle su cuota de frivolidad.