“La
hora de la espada”, expresó el magno poeta Leopoldo Lugones;
cometiendo
un sincericidio estético e ideológico sustancial.
Irrupción
del primer golpe militar validado por esa frase demencial.
Hubo
dictaduras ortodoxas y pseudo democracias monitoreadas
desde
1930. El pueblo avasallado y domesticado por absolutismos.
Dictaduras
con enunciados repetidos: “salvadores de la patria”.
Era un
subterfugio para el golpismo sin diques de contención;
ante
ellos se doblegaron todos: justicia, política, prensa, pueblo.
La comedia
de Les Luthiers es una crítica filosa al militarismo.
Se anunciaban
los distintos cargos tras un golpe de Estado;
presidente
y ministros: todos generales. En cambio, el ministro
de
Educación: un sargento. Chiste despiadadamente intencionado.
Estudiar
en los años dictatoriales fue peligroso y subversivo;
se
debieron enmascarar las erudiciones y los autores peligrosos.
Inconveniente
ser detenido con enunciados o nombres del Índex.
Golpe
a la civilización humana fue la última dictadura militar;
avasalló
cuanto emblema de derecho civil recortaba su accionar.
Nadie
estaba a salvo; cualquier relación podía comprometer.
Se
torturó igual; la novedad trágica fue la desaparición de personas.