Ironía
es un recurso para aludir con disimulo.
Si
digo que creo que alguien parece sabio
tan
solo porque su voz es aterciopelada;
hago
pensar si es verdad o soy un chistoso.
El
sarcasmo de un pincha-papeles retirado
que dice
que el mundo se movió a su alrededor;
cuando
lo que hizo fue seguir detrás del referente,
y
ahora oculta la inferioridad de su viejo oficio.
Satíricamente
se induce a risa y reflexión;
función
notable de denunciadores influyentes.
Parodia
griega es relectura grotesca y cruel
de la
historia y del arte avivando la audiencia.
Los
satíricos subvirtieron los manejos sociales;
plumas
filosas desde Roma hasta la modernidad.
Plausible
aguijoneo con eficacia e histrionismo;
cáusticos
burlan al poder, la gente y sus hábitos.
En la
sátira la ironía es el cachetazo militante,
se
ridiculiza todo lo que se mueve o no se mueve.
Premia
el deseo popular de desmitificar al poderoso;
es el
éxtasis superior del desaventajado y perdedor.
Dependiendo
del malabarismo verbal del gracioso;
se
amenizan las veladas o las largas horas muertas.
Desde
aquellos viejos satíricos a estos archi famosos;
el
enclave del stand-up instaló un cómico popular.
La
ironía refuerza la autoestima y la valoración;
debería
ser un arma blandida con prudencia.
Si no será
siempre el ejercicio malsano diario;
cuando
el burlador saborea noquear a su víctima.